Capítulo 1 : Prologo
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Prólogo: Dos destinos entrelazados
More había nacido una mañana tranquila de primavera. Su llanto llenó la pequeña habitación del hospital, pero enseguida los médicos notaron algo extraño: sus ojitos nunca se abrieron. Tras las primeras pruebas, la verdad cayó como un balde de agua fría sobre sus padres: la niña había nacido con ceguera total.
Su madre lloró en silencio aquella noche, acunando a su bebé, mientras su padre le acariciaba el cabello. Ambos hicieron la promesa de darle una vida llena de amor, aunque sabían que el mundo podía ser cruel.
En la misma calle, apenas unos meses antes, había nacido Haru. Un niño sano, inquieto y fuerte, el orgullo de sus padres jóvenes. Lo curioso era que ambas familias ya se conocían de antes, y pronto los niños comenzaron a crecer como vecinos inseparables.
Cuando More comenzó a caminar, Haru ya corría por todas partes. Y fue él, con apenas cuatro años, quien tomó su pequeña mano para guiarla por primera vez en el parque. Desde ese día, More caminaba confiada con sus pasos, y Haru sentía que debía cuidarla de todo.
—Yo te llevo, no te preocupes —decía él, con la seriedad torpe de un niño.
—Pero yo quiero intentarlo sola… —contestaba More, tropezando suavemente.
Su inocencia se volvía ternura. Haru no lo entendía bien, pero algo en su pecho le dolía cada vez que More se caía o golpeaba. Así nació ese instinto protector que con los años solo se haría más fuerte.
Mientras tanto, los padres de ambos comenzaron a bromear con que parecían hermanitos de sangre, inseparables desde la cuna. Haru aparecía cada mañana en la casa de More, tocando la puerta y preguntando si podía jugar con ella. Y aunque al principio era un juego, poco a poco se volvió costumbre: Haru no solo jugaba, sino que ayudaba a vestirla, a guiarla, a describirle el mundo que ella no podía ver.
Para More, Haru era sus ojos. Para Haru, More era alguien que debía proteger con todo lo que tenía.