Capítulo 3 : La primera pelea
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Capítulo 3 – La Primera Pelea
El sol de la tarde bañaba el camino de regreso a casa. Haru, con apenas siete años, caminaba junto a More, sujetándola del brazo como siempre. Ella avanzaba despacio, tanteando con la punta de su zapato el suelo de tierra. Todo iba bien, hasta que More frunció el ceño y movió su bracito con cierta molestia.
—Haru… —dijo con un tono bajito, casi murmurando—. No hace falta que me agarres tanto.
—Pero si no te agarro, te puedes caer —respondió Haru sin pensarlo, mirando el suelo.
—No me voy a caer —insistió ella, inflando las mejillas.
Haru, que ya estaba acostumbrado a guiarla, no soltó su brazo. Solo apretó un poco más, preocupado. Y eso fue justo lo que encendió la chispa.
—¡Ya te dije que no me agarres! —gritó de repente More, zafando su manito de un tirón.
Haru se quedó quieto, sorprendido. —¡Oye! ¡No grites! —respondió, medio enfadado también—. ¡Solo quería ayudarte!
—¡No necesito que me ayudes todo el tiempo! —replicó ella, dando un paso adelante con torpeza. Su pie chocó con una raíz del camino y tropezó un poco, tambaleándose.
Haru dio un salto hacia adelante para sostenerla, pero More lo empujó con un suave golpe en el pecho. —¡Déjame! —dijo con la voz temblorosa.
El enojo se le empezó a romper en pedacitos dentro del pecho. Bajó la cabeza, respirando con fuerza, y su labio inferior comenzó a temblar. —Yo… yo no soy una bebé… —susurró.
Haru se mordió la lengua, viendo cómo More apretaba los puños. El silencio los envolvió unos segundos. Él se rascó la cabeza, sin saber qué decir.
—No quise hacerte enojar —dijo por fin, bajito—. Solo… no quiero que te lastimes.
More alzó un poco el rostro. Aunque sus ojos no veían, su expresión lo decía todo: estaba herida en su orgullo, no en su cuerpo.
—A veces me siento… inútil —confesó, frotándose las manos nerviosa—. Todos pueden correr, saltar… y yo solo puedo escuchar.
Haru dio un paso adelante, sin pensarlo, y puso sus manitos sobre los hombros de ella. —No eres inútil, tonta —dijo con una sonrisa torpe—. Eres More. Mi amiga. Y cuando caminas, aunque no veas, pareces muy valiente.
More se quedó callada, sorprendida por esas palabras tan simples pero tan sinceras.
—Entonces… —murmuró—. ¿No te molesta cuidarme?
Haru negó con la cabeza. —¡No! Es que… —se encogió de hombros—. Si no te cuido, me aburro —bromeó con una risita.
Ella soltó un pequeño suspiro entre risas. —Eres un tonto, Haru.
—Y tú una gruñona —contestó él, cruzando los brazos con una sonrisa pícara.
Un segundo después, ambos comenzaron a reír de verdad. La tensión se disolvió tan rápido como había llegado. Haru extendió su mano otra vez. —¿Te puedo tomar del brazo ahora? Pero solo un poquito, ¿sí?
More lo pensó unos segundos y, finalmente, asintió. —Está bien… pero si aprietas muy fuerte, te muerdo.
—¡Trato hecho! —rió Haru, caminando a su lado mientras ella reía también, más tranquila.
Y así, entre pasos torpes, risas suaves y reconciliaciones rápidas, los dos niños siguieron su camino. La pelea había durado poco, pero había enseñado algo grande: que incluso los pequeños tropiezos los hacían entenderse un poquito más.